
– No.
Lo cierto era que las mujeres intentaban acercársele, pero no las dejaba.
– Yo tampoco -dijo ella dejando escapar un suspiro-. Lo que es una tragedia. Quiero estar enamorada y creí que lo estaba, pero ahora no estoy tan segura. Tengo problemas para asumir compromisos. Todo se debe al hecho de perder a mi madre siendo niña y después a Hunter. ¿No es curioso que aunque sepas cuál es el problema no puedas hacer nada para solucionarlo?
No sabía que responder a eso. En el mundo en el que se movía, la gente no hablaba de sus sentimientos.
– Perdiste a tu hermano cuando eras joven -dijo-. Eso debió de afectarte -y poniéndose de pie, añadió-: He acabado, voy a ducharme.
Ella se levantó y se acercó a él.
– ¿Quieres que nos duchemos juntos?
Por un segundo se la imaginó desnuda, con el agua cayéndole por el cuerpo.
No iba a dejar que fuera ella la que ganase. Había llegado el momento de dejar de mostrarse amable.
Jack se acercó, abalanzándose sobre ella. Ella reculó hasta que se chocó con un banco de pesas y se quedó sentada sobre él. Jack se inclinó sobre ella.
– No juegues a este juego conmigo -dijo en voz queda-. No soy uno de tus amigos cerebritos. He visto cosas que no podrías ni imaginar, he sobrevivido a situaciones que no podrías creer. Puede que seas inteligente, pero esto no tiene nada que ver con tu cerebro. Puedes burlarte de mí todo lo que quieras, pero al final habrá consecuencias. ¿Estás preparada para ello, pequeña?
– No soy ninguna niña.
Jack alargó la mano tras ella y tiró suavemente de su coleta, lo suficiente para hacerle inclinar la cabeza hacia atrás. Luego, con la otra mano, la tomó por el cuello.
Meri abrió los ojos completamente. Jack pudo sentir su miedo y algo más. Algo sexual.
Lo supo porque él también lo sintió. Algo había surgido entre ellos. De repente sintió deseos de hacer algo más que enseñarle una lección.
Ella sonrió.
