
– También podemos concentrarnos en hacer ejercicio.
– No es necesario -dijo ella tumbándose y haciendo ejercicios pectorales-. ¿Qué has estado haciendo estos últimos diez años? Sé que estuviste en el ejército, en las Fuerzas Especiales.
– Así es.
– También he oído que lo dejaste y creaste tu propia compañía dedicada a ayudar a otras empresas a expandirse en lugares peligrosos del mundo. Estoy impresionada. Has convertido esa compañía en todo un éxito.
Al parecer, no era sólo él quien había estado haciendo averiguaciones.
– Me va bien.
Había facturado quinientos millones el año pasado. Sus contables le recomendaban que sacara la compañía a Bolsa. Le decían que haría una fortuna. Pero ya tenía más de lo que necesitaba y salir a Bolsa suponía perder el control de la compañía.
– ¿Estás casado? -preguntó ella.
Jack la miró. Ella cambió de posición y comenzó a hacer ejercicios de bíceps. Su piel dorada brillaba por el sudor, su rostro estaba sonrojado y su expresión era intensa. Estaba totalmente concentrada en lo que estaba haciendo.
¿Sería igual en la cama? ¿Se entregaría al cien por cien?
Aquel pensamiento surgió de la nada y rápidamente lo apartó de su mente. Meri nunca sería más que la hermana pequeña de Hunter. Aunque bailara desnuda a su alrededor y le rogara para que la hiciera suya, nunca llegarían tan lejos.
– ¿Jack? ¿Vas a contestarme?
¿Que le había preguntado? ¡Ah, sí!
– No, no estoy casado.
– No serás gay, ¿no?
La ignoró. Si no le seguía la corriente, Meri se cansaría de aquel juego y se dedicaría a otra cosa.
– Está bien, es broma -dijo ella-. No tienes esposa, pero ¿hay alguien especial?
– No.
– ¿Nunca ha habido nadie?
– Ha habido muchas.
– Ya sabes a lo que me refiero -dijo ella mirándolo-, a una relación en la que intercambies algo más que fluidos corporales. ¿Has estado alguna vez enamorado?
