Tate… había estado allí cuando había llegado a estar más cerca que nunca de capturar al asesino de su madre y su hermano.

Lamentablemente, su corazonada no había salido bien y la evidencia aunque les dio una pista del asesino de su madre, había estado demasiado corrompida para usarla. Aun así, Tate había luchado por ella a brazo partido aún cuando él no la conocía en aquella época. Eso significaba más que nada para ella y habían sido amigos desde entonces.

No había nada que no hiciera por él y él lo sabía.

Tate, LaShonda, y Jesse eran la única familia que tenía.

Él se inclino hacia atrás y esperó a que la camarera le pusiera el plato sobre la mesa y se fuera antes de hablar otra vez.

– ¿Estás segura de que no es uno de los fantasmas que ves observándote de cerca?

Negó con la cabeza.

– No. Nunca son así de sutiles. Generalmente saltan a lo, “Ey tú, zorra, hazme una oferta”. Esto… esto es otra cosa.

– El mal viene hacia ti -dijo Jesse con una voz sombría, resonante.

Simone entrecerró los ojos en él.

– Odio cuando haces eso.

Tate se echó hacia atrás como si estuviera ofendido.

– ¿Qué hice?

Ella le sonrió.

– No es a ti. Jesse. Usa su voz de fantasma para mí. Es sumamente inquietante.

– Sí, pero todavía me quieres -Jesse le guiñó el ojo.

– Por supuesto que sí. Pero ahórrate la voz fantasmagórica.

– Lo haría si cualquier otro me pudiera oír. ¿Tienes alguna idea de lo que jode? No, porque todo el mundo te escucha cuando hablas. -Se levanto y bailó en la esquina- ¡Eh, gente! -gritó-. Miren el sorprendente baile de los fantasmas. -Agitó sus brazos alrededor y sacudió el cuerpo-. Soy malo. Soy malo. Soy malo. -Se detuvo y miró en torno a la gente que seguía hablando de sus negocios, ajenos a sus excéntricas payasadas-. Ves. Apesta.



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