– ¿Hay algún problema? -Preguntó Jesse.

– He tenido esa sensación de nuevo.

Tate la miró con ceño.

– ¿Qué sensación?

Su cara se acaloro con la pregunta.

– Sé que suena loco.

– Acabo de tener un cuerpo escapándose de la mesa en mitad de una autopsia ¿Y crees que tu historia es chiflada? Claro, Boo…

Eso era lo que más le gustaba sobre Tate. La hacía sentir casi normal. Sin mencionar que era la única persona además de ella que sabía de Jesse. Claro que ella era también la única persona fuera de un puñado pequeño que sabía que Tate era un Escudero de los Dark-Hunters, un grupo de guerreros inmortales que perseguían y ejecutaban a los vampiros Daimons que vivían de las almas humanas.

Bravo, su vida era todo menos normal.

Así que… ¿Por qué debería preocuparse, por el hecho de sentir como si algo malo la estuviera vigilando? Probablemente lo estuvieran haciendo. Y desafortunadamente, no sería la primera vez. Sólo quería asegurarse de que no fuera la última.

– ¿Sabes de dónde viene? -Preguntó Jesse.

– No, no lo puedo localizar con toda precisión. Todo lo que sé es que me pone la piel de gallina.

Tate se reclinó en la silla para mirarla a los ojos.

– Realmente desearía poder oír a Jesse. Es tan desconcertante cuando los dos estáis hablando. Me pregunto si no está sentado ahí, burlándose de mí.

Ella sonrió.

– Jesse solo se burla de mí.

– Eso no es verdad.

Miró a Jesse.

– Sí que lo es.

– No, no lo es -insertó Tate.

Simone lo miró ceñudamente.

– ¿Sabes lo que estas discutiendo?

– No realmente. Simplemente parecía natural añadir eso.

Se rió.

– Cómo conseguí mezclarme con vosotros dos, nunca lo sabré. -Pero eso no era cierto. Jesse había venido a ella durante la hora más oscura de su vida y había estado con ella desde entonces.



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