Él ya se había despedido, había dejado su mundo, desde el momento que les dio la espalda y se había permitido la libertad de dejar de lado sus responsabilidades. Sin embargo, sus caras talladas con líneas profundas de dolor lo detuvieron por un momento.

¿Cómo sería sentir el dolor tan profundamente? ¿Sentir amor? Sentir. En los viejos días, él habría tocado sus mentes y habría compartido con ellos, pero ya que ellos tenían compañeras, él no se atrevió a correr el riesgo de corromper a uno de ellos con la oscuridad en él. Su alma no estaba todavía en pedazos. Él había matado demasiado a menudo, se distanció de todo lo que le era querido para proteger mejor a aquellos a quien amaba. ¿Cuándo alcanzó el punto de que ya no podía con seguridad tocar sus mentes y compartir sus memorias? Había sido hace tanto tiempo que ya no lo podía recordar.

"Zacarías, no hagas esto", declaró Riordan, el rostro contraído con el mismo dolor profundo que había en cada una de las caras de sus hermanos.

Habían sido su responsabilidad durante demasiado tiempo, y él no podía irse sin darles algo. Se quedó allí un momento, por completo solo, la cabeza erguida, los ojos ardientes, el pelo largo y suelto a su alrededor mientras que la sangre goteaba constantemente por el pecho y sus muslos. "Les doy mi palabra de que no tendrán que darme caza. "

Era todo lo que tenía para ellos. Su palabra de que no se volvería vampiro. Poder descansar era lo que estaba buscando, el descanso final a su manera. Se dio la vuelta alejándose de ellos-de la comprensión y alivio en sus rostros, y una vez más comenzó su viaje. Tenía que alejarse si quería llegar a su destino antes del amanecer.

"Zacarías", llamó Nicolás. ¿A dónde vas?

La pregunta le dio que pensar. ¿Dónde iba? La compulsión era fuerte, una imposible de ignorar. En realidad aminoró el paso.

¿Dónde iba? ¿Por qué la necesidad era tan fuerte en él, cuando no sentía nada? Pero había algo, una fuerza oscura que lo conducía.



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