
Voló con alas fuertes y rápidas a través de la noche, haciendo caso omiso de las heridas y de su necesidad de sangre. Al cruzar la frontera se dejó caer más bajo en la canopia, sintió el tirón de la compulsión crecer. Necesitaba estar en su rancho del Perú. Simplemente lo necesitaba. El bosque se extendía bajo él, una oscura maraña de árboles y flores, el aire pesado con la humedad. Musgos y lianas colgaban como largas barbas sueltas, llegando casi al acuoso fondo de los arroyos y cañadas. Helechos enredados competían por el espacio, arrastrándose sobre largas raíces expuestas en el oscuro suelo debajo de él.
El águila arpía se dejó caer a través de ramas cubiertas de flores, lianas y todo tipo de insectos escondidos en la maraña de la vegetación. Lejos, debajo de él escucho el suave llamado de una rana de árbol llamando a un compañero y luego una más gruesa, muchos más sonidos chirriantes se sumaron al coro. Un trino casi electrónico se unió a la sinfonía cuando miles de voces diferentes se elevaron en un crescendo yendo abruptamente a un silencio poco natural, escalofriante cuando el depredador se acercó, y luego de pasar por encima.
El cielo oscuro de la noche giro a un suave color gris paloma cuando el alba entró sin ser sentido, escabulléndose el reinado poderoso de la noche. El águila arpía se dejó caer en el pabellón bajando en espiral en el claro donde la casa de rancho estaba situada. Con su visión aguda él podría ver al río correr como una cinta gruesa que dividía la tierra. Cuestas apacibles cedieron el paso crestas empinadas, barrancos profundos que cortan por el bosque. Árboles y vegetación serpenteaban a través del rocoso suelo, un enredo oscuro crecía determinado a reclamar lo que había sido tomado.
Limpias vallas dividían las cuestas y mientras el pájaro volaba sobre los barrancos y los valles, cientos de ganado se veían como puntos en las praderas. A medida que la sombra del ave pasaba sobre ellos, levantaban la cabeza con agitación, temblando, golpeándose entre sí mientras se movían hacia atrás y hacia delante tratando de encontrar el peligro que olían.
