
Sangre por todas partes en un cuarto de baño y una mujer desaparecida. Interesante, seguro, decidió ella, pero realmente no era su terreno. De hecho, no era su terreno en absoluto. Era agua. Era un gran bote naranja en el agua.
¿Por qué no se hundían los barcos? Un pensamiento errante le recordó que a veces lo hacían, y decidió no pensar en eso.
Cuando el turbo se acercó al gran bote naranja, noto a la gente ubicada a lo largo de las hileras de las barandillas de la cubierta. Algunos de ellos saludaban con la mano.
A su lado, Peabody les devolvió el saludo.
– Ya basta-, ordenó Eve.
– Lo siento. Es instintivo. Parece que el DOT
– Espero que ella no se cayera. O saltara. Pero alguien hubiera notado eso, ¿verdad? -
– Lo más probable es que ella se alejara de las zonas de pasajeros, se perdiera y esté tratando de caminar de regreso.-
– La sangre-, le recordó Peabody, y Eve encogió de hombros.
– Vamos a esperar y ver-
Esto, también era parte del trabajo… el esperar y ver. Había sido policía durante doce años y conocía el riesgo de sacar conclusiones precipitadas.
Ella cambió su peso cuando el turbo desaceleró, equilibrando las largas piernas mientras revisaba las barandillas, los rostros, las áreas abiertas. Su pelo corto revoloteaba alrededor de su cara, mientras que sus ojos dorados – total y completamente de policía – estudiaban lo que podría o no podría ser una escena del crimen.
Cuando el turbo se detuvo, ella bajó.
Valoro al hombre que dio un paso adelante para ofrecerle su mano, como a final de los veinte años. Llevaba pantalones caqui informales de verano y camisa celeste también con el emblema del DOT. Cabello desteñido por el sol enmarcaba un rostro bronceado por el sol o el diseño. Pálidos ojos verdes contrastaban con el tono bronceado, y le añadían intensidad.
– Teniente, Detective, soy el Inspector Warren. Me alegro de que estén aquí.-
