
Stacey se puso en pie de un salto y al hacerlo derribó a Darby. Una roca le golpeó en la sien con tanta fuerza que vio las estrellas. Darby oyó cómo Stacey se abría paso entre las ramas, y al volverse hacia ella vio que Melanie también corría.
Lo siguiente fue un inconfundible crujido de ramas y hojas: el asaltante venía hacia ellas. Darby se puso de pie y salió corriendo.
Darby alcanzó a Stacey y a Mel en la esquina de East Dunstable. Las cabinas telefónicas más cercanas estaban justo al doblar la esquina de Buzzy's, el establecimiento más popular del pueblo que cumplía las funciones de supermercado, pizzería y grandes almacenes. Recorrieron el resto del camino sin cruzar palabra.
El camino hasta la cabina se les hizo eterno. Sudorosa y jadeante, Darby descolgó el teléfono para marcar el 911, pero Stacey le arrebató el auricular de la mano.
– No podemos llamar -dijo Stacey.
– ¿Has perdido la cabeza? -le espetó Darby.
Su miedo estaba dejando paso a una intensa y creciente ira dirigida a Stacey. No debería haber sido una sorpresa que ésta la apartara y saliera corriendo. Stacey siempre pensaba antes en sí misma. El mes anterior, sin ir más lejos, las tres habían planeado ir juntas al cine y Stacey lo canceló en el último momento porque Christina Patrick la había llamado para invitarla a una fiesta. Era típico de Stacey.
