Richard se paseó hasta el otro extremo del salón y luego dio media vuelta y preguntó:

– ¿Has hablado con su superior? ¿Le contaste la clase de canalla que había reclutado?

– ¿Cómo podría hacerlo? -replicó Darcy en respuesta al apasionamiento de su primo-. Me pedirían que presentara una prueba que ni yo, ni tú, podemos dar. -Darcy le sostuvo la mirada a Richard hasta que este último relajó sus hombros en señal de aceptación. Darcy señaló a los sillones junto al fuego y los dos se sentaron pesadamente, cada uno sumido en sus propias reflexiones y sentimientos de frustración. Durante varios minutos, el único sonido que se oyó fue el viento soplando contra las ventanas.

– Richard, ¿qué piensas de Wickham?

Éste levantó la cara con un gesto de desconcierto.

– ¿Que qué pienso de él?

– ¿Cómo explicas su comportamiento? -Darcy se mordió el labio inferior y dejó escapar el aire que estaba reteniendo, mientras ampliaba una pregunta que llevaba más de una década rondándolo-. Él recibió de mi padre más cosas de las que habría podido soñar y obtuvo la posibilidad de ir mucho más allá de lo que le permitirían sus orígenes. Sin embargo, desperdició todas las oportunidades, incluso cuando las tuvo al alcance la mano, y pagó toda la preocupación de mi padre tratando de seducir a su hija. -Darcy hizo una pausa, dio otro sorbo a su oporto y luego continuó, en voz más baja-: ¿Crees que eso se puede llamar una «fragilidad natural»?

– ¡Fragilidad natural! ¡Ese es un sinvergüenza y nada más! -rugió Richard. Se detuvo y trató de controlarse un poco, antes de continuar en un tono más normal-: Ya era así desde pequeño, como bien puedes recordar. Puede que sólo sea un año mayor que tú, pero yo lo vi golpeándote cuando éramos niños.

– Mi padre nunca lo vio. -Darcy agitó el contenido de su vaso.

– Mmm -resopló Richard-. No estoy totalmente seguro de eso. Tu padre era un hombre muy perceptivo.



10 из 308