
– Si ella ha mejorado como crees… -Richard dejó la frase en el aire, mientras miraba su vaso vacío con el ceño fruncido.
– ¿Vas a ir a Matlock para Navidad o tienes que quedarte en la ciudad? Así podrías verlo por ti mismo y aconsejarme, porque valoro mucho tu opinión, Richard. -La forma en que Darcy miró a su primo a los ojos ratificó sus palabras.
Asintió con la cabeza, agradeciendo tanto la intención como la singularidad de la solicitud de Darcy.
– Tengo una semana de permiso y aún no he decidido dónde pasarla. Su señoría, el conde de Matlock, estaría muy complacido de verme por sus tierras, y a mi madre, desde luego, le encantaría tener a toda la familia en casa. ¿Vas a invitar a la familia durante una semana como en años anteriores?
Darcy asintió con la cabeza, y tras volver a guardar la carta en el escritorio, sirvió un poco más de oporto para él y su primo. Se llevó el vaso a los labios después de hacer un brindis y dejó que la deliciosa calidez del licor se deslizara por su garganta mientras cerraba los ojos. Había otro asunto sobre el que deseaba oír la opinión de Richard, pero no sabía por dónde empezar.
– Me encontré con Wickham. -Aquella serena revelación rompió el silencio como un tiro de fusil.
– ¡Wickham! ¡No se atrevería…! -exclamó Richard con intensidad.
– No, nos encontramos por casualidad cuando acompañaba a Bingley en Hertfordshire. Aparentemente se ha unido a un regimiento que está estacionado en Meryton.
– ¡Un regimiento militar! ¿Wickham? Debe haber agotado todos sus recursos o quizá se esconda de algún compromiso inminente. ¡Wickham un soldado! ¡Cómo me gustaría tenerlo bajo mis órdenes!
