
Mi agradecimiento también a Sue Grimshaw -por el apoyo y por levantarse temprano para la entrevista- y a Kathy Baker, la más extraordinaria vendedora de libros. Y como siempre a Kay y Jim Johnson, Kathy y Dick Guse, Lea y Art D'Alessandro, y Michelle, Steve y Lindsey Grossman.
Un cyberabrazo para las «Looney Loopies»: Connie Brockway, Marsha Canham, Virginia Henley, Jill Gregory, Sandy Hingston, Julia London, Kathleen Givens, Sherri Browning, y Julie Ortolon, y el resto de las «Tentadoras».
A mis recientes y maravillosas amigas con quienes compartí el Levy Bus Tours; gracias por una experiencia fantástica: Pam Nelson, Justine Willis, Kathleen Koelbl, Krystal Nelson, Janet Krey, Emily Hixon, Devar Spight, Susan Andersen, Mary Balogh, Allison Brennan, Pamela Britton, Wendy Corsi-Staub, Gemma Halliday, Candice Hern, Sabrina Jeffries, Susan Kearney, Marjorie Liu, Brenda Novak, Karen Rose, y Gena Showalter. Y mi gratitud para todos los de HarperCollins por darme la oportunidad de participar en ese acontecimiento.
Un especial agradecimiento a los miembros de Georgia Romance Writers y Romance Writers of America.
Y finalmente, gracias a todos los maravillosos lectores que se han tomado tiempo para escribirme. ¡Me encanta tener noticias de vosotros!
Capítulo 1
Un escalofrío de inquietud bajó por la espalda de Matthew Devenport, que dejó de cavar para echar una ojeada al cementerio en penumbra. Con todos los sentidos alerta, aguzó el oído para oír únicamente el chirrido de los grillos y el agitar de las hojas por la brisa fresca cuyo inconfundible perfume amenazaba lluvia.
Las nubes cubrieron la luna, envolviéndola en sombras, algo que era muy favorable para sus propósitos, pero que al mismo tiempo le impedía ver a cualquiera que se acercara, lo que no apaciguaba el inquietante martilleo de su corazón.
Volvió a echar un vistazo a su alrededor, luego se obligó a relajarse. ¡Maldita sea! ¿Por qué ese repentino nerviosismo? Las cosas no estaban saliendo mal. Sin embargo, no podía evitar la extraña sensación que lo había invadido desde que a medianoche había salido de la casa…, la sensación de que alguien lo seguía. Lo observaba.
