

Julia Quinn
Diez cosas que me gustan de ti
Ten Things I Love About You (2010)
PRÓLOGO
Hace unos años…
No podía dormir.
No era nada nuevo. Aunque cualquiera diría que, a estas alturas, ya estaría acostumbrado.
Pero no. Cada noche, Sebastian Grey cerraba los ojos con la esperanza de quedarse dormido. Porque, ¿por qué no iba a hacerlo? Era un chico perfectamente sano, perfectamente feliz y perfectamente sensato. No había ningún motivo por el que no pudiera dormir.
Pero no podía.
No le pasaba siempre. A veces, y no tenía ni idea de por qué unos días sí y otros no, apoyaba la cabeza en la almohada y caía casi de forma instantánea en un plácido sopor. Los otros días se retorcía, daba vueltas, se levantaba a leer, bebía un té, se retorcía, daba más vueltas, se incorporaba y miraba por la ventana, se retorcía, daba vueltas, jugaba a los dardos, se retorcía, daba vueltas y, al final, se daba por vencido y contemplaba la salida del sol.
Había visto muchas. En realidad, Sebastian se consideraba un experto en salidas de sol desde las islas británicas.
Inevitablemente, el cansancio se apoderaba de él y, en algún momento después de la salida del sol, caía rendido en la cama, en la butaca o, como le había sucedido en varias y desagradables ocasiones, con la cara pegada al cristal de la ventana. Esto no sucedía cada día, aunque sí con la frecuencia suficiente para haberse labrado la fama de dormilón, algo que francamente le resultaba muy divertido. Nada le gustaba tanto como una mañana fría y vigorizante y estaba seguro de que no había comida más satisfactoria que un buen desayuno inglés.
Por lo tanto, se entrenaba para convivir con su desgracia lo mejor posible. Se había acostumbrado a desayunar en casa de su primo Harry, en parte porque el ama de llaves de este cocinaba de maravilla, pero también porque eso implicaba que este lo esperaba.
