
De ahí que el timón consta de cinco plumas convergentes hacia un solo punto expresando los cinco sentidos (1) que no son sino modalidades de la sensibilidad. Se insertan en la parte inferior del Sol, para significar que la sensibilidad es una forma inferior de conciencia, del mismo modo que la intuición es la más elevada forma de la sensibilidad.
La Luna es el octavo elemento en oposición a las siete estrellas: La luz es séptuple pero la oscuridad es una; es la sombra, es la ausencia de luz.
En síntesis: el triángulo y la palabra sánscrita que está en su centro, expresan la FUERZA en sí y en los tres atributos inseparables de su esencia. Las siete cuerdas expresan la misma Fuerza en manifestación mediante siete rayos o siete notas.
La U, armazón de la lira -como hemos dicho, emblema maternal- expresa la MATERIA, claro está que despojada de todos los caracteres demoníacos con que se la suele adornar por un mal entendido espiritualismo. El Sol es a un tiempo Vida y Conciencia: Vida como condición inicial indispensable para existir; Conciencia como condición final que expresa su último destino y que reside latente en él desde un principio.
Y por fin, las alas simbolizan el MOVIMIENTO, simple exteriorización en el Espacio, de la Vibración anteriormente representada por el heptacorde, así como la cola significa que ningún movimiento puede desarrollarse a no ser en alguna dirección, esto es, condicionando el Espacio. Todo cuanto hemos citado, en el fondo es tan sólo “ la Esencia-Una ” desplegándose en el Espacio que no es sino el propio vacío teórico de aquella y por lo tanto no altera su unidad.
Notas
(1) Adoptamos en nuestro simbolismo el número cinco para los sentidos, exactamente como se hace en el orden profano, porque si bien en el hombre actual sin necesidad de ulteriores desarrollos pueden contarse nueve o diez sentidos bien distintos; empero, los cinco sentidos que todos conocen, son un género completo de formas de sensibilidad, y tanto es así, que las teorías relativas a nuevos sentidos nos hablan de la clarividencia y clariaudiencia, donde se ve palmariomente que no se trata sino de una extensión de los sentidos vulgares a percepciones más sutiles, y no de otras formas de sensibilidad esencialmente diferentes.
