Esta última cuestión nos limitaremos por el momento a mencionarla, indicando de paso que en la alegoría que comentamos, esas condiciones están representadas por las siete estrellas que rodean al Sol central, la luna que está debajo y la tierra rotulada con su símbolo planetario (la cruz) que se ve, en parte, en el lado izquierdo e inferior del óvalo total.

El Sol de Vida que anima los espacios inertes en cuanto los roza con su ala veloz, es lo que hay de sustancial en ese ternario que con ella componen la vida y la conciencia; es el elemento “material” (de mater).

La palabra sánscrita que figura en el centro del triángalo, significa el Divino Aliento, la fuerza primordial; el triángulo que la encierra es el emblema del Brahma activo.

La lira de siete cuerdas (el heptacorde de Apolo) consta de un armazón en forma de U, emblema de la Madre Universal, como el triángulo que con él soporta las siete cuerdas, simboliza el Eterno Padre, definido kabalísticamente como «tres en uno y uno en tres». Las siete cuerdas, elementos divinos activos que van entrando a su turno en manifestación, son los arcángeles: Elohim hebraicos ó Dhyan Chohans del Libro de Dzyan.

Este primer ternario podría denominarse «de la Fuerza» si bien habría que dar a tal palabra un significado henchido de belleza y por lo tanto muy superior a un simple tecnicismo físico.

El Sol alado sobre el cual el heptacorde se apoya, consta de tres partes, a saber: el núcleo vital en el que habría que incluir el símbolo materno de la U que es la pieza fundamental de la lira; las alas o sea la propulsión, EL MOVIMIENTO; y por último la cola, el timón, esto es, lo que orienta el movimiento.

Esta orientación o dirección es inconcebible sino por medio de la sensibilidad, pues no es posible moverse sin sentir las dimensiones.



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