El poder que se mueve serpenteando, y del cual nos hablan las escuelas de Yoga, no ha de considerarse únicamente como una facultad consecutiva a ciertos desarrollos del organismo humano; el fuego o electricidad cósmica es su análogo, y esotéricamente se le considera como el poder fecundante de la Naturaleza. Pero la letra S, símbolo del esoterismo, nos impone silencio.

Lámina 8. La letra X y la difusión de la Mística Oriental


La letra X y la difusión de la Mística Oriental


Hacía milenios que en las tierras de la Aryavartha, vivían los iniciados en la ciencia esotérica Oriental o Gupta Vidya, trasmitiéndose sus inefables enseñanzas por medio de una tradición simbólica, y particularmente por medio de modificaciones profundas en los neófitos, que les permitín conocer POR SÍ MISMOS, aquella doctrina que ni aún oralmente exponen los Gurús. Estos seres realizaban estados de progreso espiritual cuya descripción parecería un sueño, pero una de las primeras cosas que hacían para asegurarse la quietud interior, necesaria a sus meditaciones, era encerrarse en el apartamiento de un estricto esotericismo, favorecido por el régimen de castas que instituye el MANAVA DHARMA SHASTRA.

La doctrina septenaria, inagotable vivero de trascendentales deducciones, era la clave y el resumen de su sabiduría, y de esta suerte, su iniciación tenía por símbolo principal, un trozo de bambú, cortado de modo que contuviera siete nudos. Eran los siete planos o estados del mundo y del hombre, en una porción arbitraria de línea viviente que por un extremo se vincula a la Tierra y se pierde en lo infinito de sus transformaciones hacia las insondables fuentes de la vida primordial, y por el otro extremo se une igualmente al infinito de una multiplicidad de gérmenes, cuyas sucesivas generaciones pueden ir penetrando lo futuro hasta perderse también en lo desconocido.



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