Todo, todo en el dibujo que explicamos, tiene un significado profundamente simbólico;

hasta los más mínimos detalles. La puerta de dos hojas, que al abrirse deja una sola abertura; las dos cerraduras, dispuestas una al revés de la otra, etc., todo invita a una seria y fructuosa meditación. Esta oposición de las cerraduras, por ejemplo, lleva a los versados en el simbolismo esotérico, hacia el estudio de los misterios de la sexualidad, clave cuyo valor inmenso jamás podrán ni vislumbrar sus profanadores; clave absoluta de la biología, que es la ciencia por la cual hay que empezar el estudio de lo aparentemente inerte, porque en realidad no hay más que distintos estados de la vida; clave fecundísima en correspondencias metafísicas con arreglo al axioma de Hermes: “Como lo de abajo así es lo de arriba…etc.»

Es simbólica la ornamentación de la puerta que recuerda el hexagrama de todas las liturgias; es simbólica la palabra sánscrita esculpida en la cúspide del portal triangular, expresando el hálito de vida; es simbólica la sillería distribuida por períodos septenarios; todo en fin.

Dejemos al inteligente lector, a solas con sus reflexiones: con lo dicho basta por el momento para inspirarlas y orientarlas. No acariciemos la ilusión de agotar en un breve artículo lo que podría ser asunto de muchos volúmenes.

Lámina 10. La luz mística y el dolor del mundo


La luz mística y el dolor del mundo


En el símbolo que vamos a explicar, obsérvase en primer término, un ojo en el centro de un triángulo y un corazón en el centro de un cuadrado.



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