Él entrecerró los ojos.

– ¿Qué diferencia?

– Una pregunta denota interés en la respuesta, y la otra me hace saber que lo estoy molestando. No le importa qué hago aquí, sólo quiere darme a entender que no soy bienvenida. Lo cual es extraño, teniendo en cuenta que no me conoce.

– Soy amigo de Nicole. No necesito conocerla para saber todo lo que tengo que saber de usted.

Ay. Claire no entendía nada. Si Nicole todavía estaba enfadada con ella, ¿por qué la había llamado Jesse y le había dicho lo contrario?

– ¿Quién es usted?

– Wyatt Knight. Nicole está casada con mi hermanastro.

¿Nicole se había casado? ¿Cuándo? ¿Con quién?

Sintió una gran tristeza. Su propia hermana ni siquiera se había molestado en decírselo, ni en invitarla a la boda. ¿Hasta qué punto era patético todo aquello?

La emoción se reflejó en el rostro de Claire Keyes. Wyatt no se molestó en analizarlo. Las mujeres y sus sentimientos eran un misterio que un hombre mortal debía dejar sin resolver. Intentar descifrar la mente femenina podía llevar a un hombre a la bebida, y después matarlo.

La observó atentamente, en busca de parecidos con Nicole y Jesse. Era rubia, alta y esbelta. Sus ojos, quizá, pensó al ver que los tenía azules. Quizá la forma de la boca. El color del pelo… más o menos. Nicole sólo era rubia. Claire tenía el pelo de una docena de matices diferentes, y brillante.

Sin embargo, lo demás era distinto. Nicole era su amiga, alguien a quien conocía desde muchos años atrás. Una mujer guapa, pero normal. Claire iba vestida de blanco de pies a cabeza. Incluso su abrigo era blanco. Llevaba unas botas y un bolso color beige. Era como una princesa de hielo…, una princesa malvada.

– Me gustaría ver a mi hermana -dijo Claire con firmeza-. Sé que está en el hospital, pero no sé en cuál.

– No voy a decírselo. No sé para qué ha venido, señorita, pero sí puedo decirle que Nicole no quiere verla.



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