
– No es eso lo que tengo entendido.
– ¿Con quién ha hablado?
– Con Jesse. Me dijo que Nicole iba a necesitar ayuda después de la operación. Me llamó ayer, y he tomado un avión esta mañana. No voy a marcharme, señor Knight, y no puede obligarme. Voy a ver a mi hermana. Si prefiere no darme la información, llamaré a todos los hospitales de Seattle hasta que la encuentre. Nicole es mi familia.
– ¿Desde cuándo? -murmuró él. Había reconocido el ángulo de obstinación de su barbilla y la decisión de su voz. Las mellizas tenían aquello en común.
¿Por qué lo había hecho Jesse, para causar más problemas? ¿O acaso estaba intentando arreglar una situación desesperada? La verdad era que Nicole iba a necesitar ayuda, y no quería pedirla. Él haría todo lo que pudiera, pero también tenía que llevar su negocio y cuidar a Amy. Nicole no iba a querer que Drew apareciera por allí, suponiendo que el vago de su hermano no se hubiera escondido ya en alguna parte. Jesse era una opción todavía peor, lo cual dejaba disponible exactamente a… nadie.
¿Por qué tenía que tomar él aquella decisión? Soltó una imprecación entre dientes.
– ¿Dónde se va a alojar?
– En la casa, naturalmente.
– Muy bien. Quédese allí. Nicole saldrá del hospital dentro de un par de días. Podrá hablar de esto con ella cuando vuelva.
– No voy a esperar dos días para verla.
Egoísta, caprichosa, narcisista. Wyatt recordó la lista de quejas que Nicole tenía sobre su hermana. Y en aquel momento, todas tenían sentido para él.
– Escuche -dijo-, puede esperar en la casa o volver a París, o al lugar en el que viva.
– Nueva York -dijo Claire en voz baja-. Vivo en Nueva York.
– Donde sea. Lo que quiero decir es que no va a ver a Nicole hasta que haya tenido un par de días para recuperarse, aunque yo tenga que hacer guardia en la puerta de su habitación. ¿Entendido? Ya está sufriendo lo suficiente ahora, después de la operación, como para tener que soportar más molestias.
