
Dos
Claire se desinfló como un globo pinchado y Wyatt se quedó con la sensación de ser un idiota. Se dijo que ella sólo estaba actuando, que había nacido para engañar a la gente y que había perfeccionado su técnica a medida que se había hecho mayor. Según decía, su hermana le importaba mucho; entonces, ¿por qué no había aparecido nunca, durante todos los años que habían pasado desde que él conocía a Nicole? Ni en sus cumpleaños, ni en la maldita boda. Se había perdido también la graduación del instituto de Jesse. Se le daba bien hacerse la víctima, eso era todo, y él no iba a permitir que lo atrapara en su juego.
Justo cuando creía que iba a darse la vuelta y a marcharse, ella irguió los hombros, alzó la barbilla y lo miró a los ojos.
– Me ha llamado mi hermana.
– Eso dice usted.
– No me cree…
– No me importa tanto como para pensarlo.
Ella ladeó la cabeza, y aquel pelo largo y brillante le cayó sobre un hombro.
– Es usted un buen amigo para Nicole. Espero que ella sepa apreciarlo.
Así que había pasado al halago. Probablemente, aquél era un plan efectivo para alguien que no estuviera sobre aviso.
– Me ha llamado Jesse -continuó ella-. Me contó lo de la operación. Se dará cuenta de que es cierto, porque, de otro modo, ¿cómo iba a saberlo? Jesse también me dijo que Nicole necesitaba que yo la ayudara después y que se alegra de que yo venga. Y yo me siento más inclinada a creerla a ella que a usted.
– Yo puedo decirle que, veinte minutos antes de la operación, Nicole no sabía nada de que usted fuera aparecer. Créame, me lo habría dicho.
Claire frunció el ceño ligeramente.
– Eso no tiene sentido. ¿Por qué iba a mentir Jesse? ¿Y por qué iba a mentir usted?
– Yo no miento.
Parecía que estaba verdaderamente confusa, y él estuvo a punto de creerla. Aquella situación era un enredo, y tenía la firma de Jesse. La cuestión era, ¿por qué lo había hecho la chica? ¿Para empeorar la situación, o porque de veras quería ayudar a Nicole? Con Jesse no era fácil de saber.
