– ¿Habéis estado hablando de mí Claire y tú? -preguntó-. ¿He sido el tema de una de esas horribles conversaciones del tipo «¿qué vamos a hacer con la pobre Nicole?». Porque si es así, no es necesario. No necesito ayuda de ninguno de los dos. Estoy bien, mejor que bien.

A Wyatt no le impresionó su reacción.

– Apenas sales de casa y no ves a nadie. Y estás más malhumorada de lo normal.

– No estoy de humor para citas. Sé que es una sorpresa, pero así estamos.

– No juzgues a todo el mundo por Drew, ¿de acuerdo? Hay tipos estupendos por ahí. Sólo tienes que volver a subir al caballo, la carrera continúa.

– Por favor, dime que no acabas de decir eso. ¿Que me suba al caballo? Mi marido me engañó con mi hermana pequeña, en mi propia casa. No es un simple tropiezo. Es algo que le hace a una replantearse su orientación sexual, ¿sabes?

Sentía una opresión en el pecho. ¿Era ella, o acaso hacía mucho calor allí dentro?

– Mira, tengo que irme. Gracias por invitarme a cenar. Os llamaré luego.

Se dio la vuelta y se alejó.

– Nicole, espera.

Ella siguió caminando. Cuando vio la señal, se apresuró hacia el aparcamiento, increíblemente aliviada de haber quedado con ellos en el centro comercial. Al menos, tenía su propio coche.

Treinta minutos después, estaba en casa, donde todo era silencioso y familiar, y nadie le hacía preguntas tontas ni sentía compasión por ella. Había también demasiados recuerdos y un vacío que la impulsó a cambiar de canal en canal con el mando a distancia de la televisión, hasta que encontró una serie. Miró fijamente a la pantalla y se juró que no iba a llorar por Drew. Ni esa noche, ni nunca más.

Dos

El sábado por la mañana, Nicole llegó al obrador unos diez minutos antes de que Raoul comenzara su turno. En realidad, no estaba muy segura de que apareciera, pero cuando se acercaba a la puerta trasera de la pastelería, un adolescente alto de pelo oscuro se unió a ella.



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