– No, no es verdad. Es un buen chico. Tiene mucho talento. Llegará lejos.

– Se ve en él, ¿verdad?

Hawk sonrió.

– Sí.

– Típico -respondió Nicole, y miró el reloj-. ¿No tiene que estar en ningún sitio?

– En el entrenamiento. Los chicos están esperando -dijo él, y sacó la cartera del bolsillo-. ¿Cuánto le debo por los donuts?

Ella frunció el ceño.

– ¿Es que no estaba escuchando? Raoul va a pagarlos con su trabajo. Al menos, ésa es mi fantasía.

– Bueno, entonces sigo necesitando cinco docenas para el equipo.

Nicole miró a la mujer que estaba detrás del mostrador.

– Maggie, ¿puedes darle sus donuts al entrenador para que se marche de una vez?

Hawk se inclinó y recogió los donuts que todavía estaban por el suelo.

– Está intentando librarse de mí.

– ¿De verdad?

– Pero si yo soy la mejor parte de su día.

– Quizá me clave una astilla después, y ése sea el momento álgido.

Él se echó a reír.

– No es usted fácil.

– Esa es la primera cosa inteligente que ha dicho.

Él dejó las cajas aplastadas y los donuts en una de las mesas del local.

– Yo soy muy listo, Nicole.

– Siga diciéndoselo, y quizá un día se haga realidad.

Él se quedó mirándola fijamente hasta que ella comenzó a retorcerse.

– ¿Por qué está intentando que yo le caiga mal por todos los medios? ¿Acaso la intimido?

– Yo… usted… Váyase.

Dicho eso, se apoyó sobre el bastón y se dirigió al obrador, en la parte trasera de la pastelería.

– ¿No hay ningún comentario desdeñoso? -le preguntó él-. ¿Significa eso que he ganado?

Ella se volvió y lo miró con cara de pocos amigos.

– No todo en la vida es ganar o perder.

– Claro que sí.

Ella apretó los dientes.

– Váyase.

– Me voy porque los chicos están esperando. Pero volveré.



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