– Pero estoy embarazada.

– Dentro de un par de meses, cuando hayas engordado más, hablaremos. Por ahora, si te pones ropa premamá vas a parecer un saco de patatas.

– Pero es que estoy muy emocionada.

– Lo sé, y es lógico. Es maravilloso.

Claire sonrió.

Nicole pensó que su propia alegría por el embarazo de su hermana era una prueba de que tenía buen carácter. Era feliz por Claire, incluso sabiendo que las posibilidades de que ella tuviera un hijo eran tantas como las de ganar el primer premio de la lotería…, aunque ella nunca comprara un décimo. Un embarazo significaba generalmente que había un hombre involucrado. Ella había renunciado a los hombres para siempre.

– ¿Estás bien? -le preguntó Claire-. Estás pensando en Drew, ¿verdad?

– No. No estoy pensando en Drew -dijo Nicole. Se negaba a malgastar energía mental en su ex marido-. Estaba pensando en los hombres en general.

– Encontrarás a alguien -le aseguró Claire.

– No quiero a nadie. Acabo de separarme y estoy muy contenta de estar sola.

O, más bien, lo estaría, si todo el mundo dejara de pensar que estaba destrozada emocionalmente por haber sorprendido a su hermana pequeña en la cama con su marido.

Sí, había sido horrible, degradante y quizá incluso desgarrador. Pero ella lo sobrellevaba.

– Necesito acostumbrarme a estar sola -dijo Nicole.

– ¿Por qué? Ya estabas sola antes, cuando estabas casada con Drew.

– Ay.

Claire suspiró.

– Lo siento. No quería decirlo así.

– No pasa nada.

No iba a demostrar que estaba dolida. Ni siquiera delante de su hermana.

Claire sonrió con delicadeza. Su sonrisa era compasiva, y denotaba la intención de dejar el tema para más adelante. Cuando notara que ella se sentía más fuerte emocionalmente.

¿Acaso era capaz de leer la mente de su hermana melliza?

Qué estupendo.



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