
Matt tomó un poco de café y la miró.
– Primero -dijo Jesse -, quiero que contestes algunas preguntas. ¿En qué trabajas, algo de ordenadores?
Él asintió.
– Soy programador. Trabajo mucho haciendo juegos. En Microsoft.
– Me lo imaginaba. ¿Tienes aficiones?
Él lo pensó durante un segundo.
– Los ordenadores y los juegos.
– ¿Nada más?
– El cine, quizá.
Lo cual significaba que no, pero él había dado con una respuesta rápida.
– ¿Has visto Cómo perder a un hombre en diez días? La estrenaron la semana pasada.
Él negó con la cabeza.
– Ve a verla -le dijo Jesse-. Y deberías estar anotando lo que te digo. Vas a tener deberes.
– ¿Qué?
– Tienes que aprender muchas cosas, y te va a costar esfuerzo. ¿Estás dispuesto a hacerlo?
Él vaciló durante un instante.
– Sí -dijo finalmente, aunque con cierta reticencia.
Entonces ella le pasó un par de folios. Él apunto obedientemente el título de la película.
– Después hablaremos de tu apartamento. Hoy quiero hablar sobre tus referencias culturales y tu guardarropa.
– No tengo apartamento.
– ¿No? ¿Y dónde vives?
– Vivo en mi casa, con mi madre -dijo Matt, y se ajustó las gafas a la nariz con un dedo-. Antes de que digas nada, es una casa muy bonita. Hay mucha gente que vive en casa con sus padres. Resulta más cómodo.
Oh, Dios. La situación era peor de lo que ella había pensado.
– ¿Cuántos años tienes?
– Veinticuatro.
– Seguramente ya es hora de que vueles del nido. ¿Para qué vas a ligar con una chica si después no tienes adonde llevarla? -dijo ella, y lo anotó-. Como ya he dicho, esto es para la clase avanzada.
– ¿Dónde vives tú?
Ella se quedó mirándolo fijamente, y después soltó una carcajada.
– Con mi hermana.
La expresión de Matt se volvió petulante.
