
– ¿Me queda otro remedio?
– Sí, pero haz como si no.
Jesse dejó su pesada mochila sobre una silla y posó su café con leche sobre la mesa. Matt y ella habían quedado en otro Starbucks para hablar de su plan.
Jesse estaba verdaderamente entusiasmada con aquel proyecto, y no recordaba la última vez que se había entusiasmado por algo. Aunque Matt, en realidad, no se había mostrado tan emocionado como ella cuando lo había llamado. Pero, al menos, había accedido a encontrarse con ella.
Cinco minutos más tarde, Matt entró en la cafetería. La saludó y se dirigió al mostrador para pedir un café. A ella le sonó el teléfono móvil.
– ¿Diga?
– Nena. Andrew. ¿Esta noche?
– Andrew, ¿nunca has pensado que las cosas te irían mucho mejor durante el día si usaras verbos? -dijo Jesse. Miró hacia arriba y sonrió al ver que Matt se acercaba-. Sólo será un segundo -susurró.
– No necesito verbos, nena. Tengo todo lo necesario para estar con una chica. ¿Quedamos, o qué? Hay una fiesta. Vamos, y luego volveremos aquí. Todo el mundo sale ganando.
Vaya. Casi una conversación entera.
– Tentador, pero no.
– Tú te lo pierdes.
– Estoy segura de que lo lamentaré durante semanas. Adiós -dijo Jesse, y colgó-. Disculpa. Voy a apagar el teléfono. No quiero que vuelvan a interrumpirnos.
– ¿No era tu novio?
– ¿Por qué lo preguntas?
– El que te llamó el otro día era Zeke. Este es Andrew.
– Eres observador. Una cualidad muy buena. Y no, ninguno de los dos es mi novio. Yo no voy en serio con nadie.
– Interesante. ¿Y por qué?
– No pienses que vas a conseguir que se me olvide por qué estamos aquí preguntándome cosas sobre mí.
Matt se encogió de hombros.
– Merecía la pena intentarlo.
– Bueno, vamos a cambiar de tema. Tenemos mucho que hacer hoy -dijo ella-. Tengo un plan.
