
Molly se estaba viendo envuelta por una serie de sensaciones tan ajenas a ella que tuvo que contener un gemido de placer. El poder de lo que estaba sintiendo era abrumador. Tenía la piel cubierta de sudor y el corazón le latía tan fuerte como una taladradora. Además, sentía dolor entre las piernas. Se sentía completamente desesperada por poder tocarlo, pero él no le daba la oportunidad. Entonces, la tumbó en la cama y se levantó inmediatamente para terminar de desnudarse…
Capítulo 3
Con la boca seca, Molly observó cómo Leandro se desnudaba. Había realizado bocetos de modelos masculinos desnudos en la universidad, por lo que la anatomía masculina no era un completo misterio para ella. Sin embargo, jamás había visto un cuerpo de hombre que pudiera aspirar a la belleza del de Leandro. Su constitución física era perfecta, desde el fuerte torso, el liso y duro vientre hasta los largos y poderosos muslos.
También tenía una gran erección. Al verla, los ojos de Molly se abrieron un poco más y el rostro se le cubrió de un intenso rubor, dado que aquella parte del cuerpo de Leandro era mucho más grande de lo que había esperado. Ese descubrimiento le provocó una ligera incertidumbre por su virginidad. Por primera vez, deseó ser más experimentada.
Leandro volvió a reunirse en la cama con ella. Molly le colocó las manos sobre los potentes pectorales y acarició los rizos negros que le cubrían el pecho y que se transformaban en una intrigante línea sobre su vientre.
– Demuéstrame que me deseas -le dijo Leandro.
Envalentonada por aquella petición, Molly comenzó a tocarlo con mayor intimidad. Tocó y acarició la firme longitud del sexo, fascinada por su masculinidad y animada por los gemidos de placer que él emitía.
