– Mire, el caso está activo, Olivas. Lo estoy trabajando y tengo un sospechoso. Si quiere hablar conmigo, hablaremos. Si tienen algo en marcha, yo participo. De lo contrario, estoy ocupado y le deseo que pase un buen día, ¿de acuerdo?

Bosch estaba a punto de colgar cuando Olivas habló finalmente. El tono amistoso había desaparecido.

– Mire, deje que haga una llamada, campeón. Le llamaré enseguida.

Colgó sin decir adiós. Bosch miró a Rider.

– Marie Gesto -dijo-. La fiscalía quiere el expediente.

– Ese era tu caso. ¿Quién llamaba?

– Un tipo de noreste, Freddy Olivas. ¿Lo conoces?

Rider asintió con la cabeza.

– No lo conozco, pero he oído hablar de él. Es el detective del caso Raynard Waits, ya sabes cuál.

Bosch situó el nombre. El caso Waits era sonado, y Olivas probablemente lo veía como un billete de ascenso. El departamento de Policía de Los Angeles estaba compuesto por diecinueve divisiones geográficas, cada una con su comisaría y su propia oficina de detectives. Las unidades de Homicidios divisionales trabajaban los casos menos complicados y eran vistas como trampolines a las brigadas de élite de la división de Robos y Homicidios, que operaba desde el cuartel general de la policía en el Parker Center. Allí estaba el estrellato. Y una de esas brigadas era la unidad de Casos Abiertos. Bosch sabía que si el interés de Olivas en el expediente Gesto estaba relacionado con el caso Waits, aunque sólo fuera remotamente, guardaría con celo su posición a fin de evitar una invasión de Robos y Homicidios.

– ¿No dijo qué tenía en marcha? -preguntó Rider.

– Todavía no. Pero algo hay. Si no, ni siquiera me habría dicho con qué fiscal está trabajando.

– Rick O'Shea lleva el caso Waits. No creo que Olivas tenga nada más en marcha. Acaban de terminar con el preliminar y van de cabeza al juicio.

Bosch se mantuvo en silencio y consideró las posibilidades.



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