– Pero ¿no surgió nada?

Bosch negó con la cabeza.

– No teníamos cadáver. Lo túnico que encontramos fue el coche, y eso no era suficiente. Nunca acusamos a nadie.

– ¿Hubo algún sospechoso?

– Investigarnos a mucha gente, y a un tipo en particular, pero nunca pudimos establecer las conexiones, así que nadie se elevó a la categoría de sospechoso activo. Luego yo me retiré en el 2002 y el caso fue a parar a Archivos. Pasaron un par de años, las cosas no fueron como pensé que irían en la jubilación y volví al trabajo. Eso fue el año pasado.

Bosch no consideró necesario decirle a O'Shea que había copiado el expediente del caso Gesto y se lo había llevado, junto con otros casos abiertos, cuando entregó la placa y abandonó el departamento de Policía de Los Angeles en 2002. Copiar los expedientes había sido una infracción de las normas y cuanta menos gente lo supiera mejor.

– Este último año he sacado el expediente Gesto cada vez que he tenido un rato para estudiarlo -continuó-. Pero no hay ADN ni huellas. Sólo es trabajo de calle. He hablado otra vez con los implicados, con todo el mundo que he podido encontrar. Hay un tipo del que siempre pensé que podría ser el asesino, pero nunca he conseguido nada. Incluso hablé con él dos veces este año, presionándole muy duro.

– Nada.

– ¿Quién es?

– Se llama Anthony Garland. Dinero de Hancock Park. ¿Ha oído hablar de Thomas Rex Garland, el industrial del petróleo?

O'Shea asintió.

– Bueno, pues T. Rex, como se le suele llamar, es el padre de Anthony.

– ¿Cuál es la conexión de Anthony con Gesto?

– «Conexión» puede que sea una palabra demasiado fuerte. El coche de Marie Gesto se encontró en un garaje de una plaza de un edificio de apartamentos de Hollywood. El apartamento correspondiente estaba vacío. Nuestra sensación en ese momento fue que no era coincidencia que el coche terminara allí; pensamos que quien lo ocultó sabía que el piso estaba vacante y que esconder allí el cadáver le daría cierto tiempo.



18 из 310