
Estaba mirando a Bosch mientras hablaba.
– No tengo ningún problema con Freddy -dijo Bosch-. Ni siquiera le conozco lo suficiente para llamarlo Freddy.
– Debería decirle que cualquier reticencia por su parte para ponerle al día de lo que tenemos aquí es responsabilidad mía y se debe a la naturaleza sensible de lo que estamos haciendo. Así que, si está enfadado, enfádese conmigo.
– No estoy enfadado -dijo Bosch-. Estoy feliz. Pregúntele a mi compañera… Soy así cuando estoy feliz.
Rider asintió con la cabeza.
– Está feliz -dijo-. Segurísimo.
– Muy bien, pues -dijo O'Shea-. Todo el mundo es feliz. Así que vamos al trabajo.
O'Shea se estiró y puso la mano encima de un grueso archivador de acordeón situado en el lado derecho de su escritorio. Estaba abierto, y Bosch vio que contenía varias carpetas individuales con etiquetas azules. Bosch estaba demasiado lejos para leerlas, sobre todo sin ponerse las gafas que había empezado a llevar recientemente.
– ¿Está familiarizado con el procesamiento de Raynard Waits? -preguntó O'Shea.
Bosch y Rider asintieron con la cabeza.
– Habría sido difícil no enterarse -contestó Bosch.
O'Shea ofreció una leve sonrisa.
– Sí, lo hemos puesto delante de las cámaras. Ese tipo es un carnicero, un hombre muy malvado. Desde el principio hemos dicho que vamos a ir a por la pena de muerte.
– Por lo que he visto y oído, Waits tiene todos los números -dijo Rider, animándolo.
O'Shea asintió sombríamente.
– Ésa es una de las razones de que estén ustedes aquí. Antes de que explique lo que tenemos, permítanme que les pida que me hablen sobre su investigación del caso Marie Gesto. Freddy dijo que sacaron el expediente de Archivos tres veces el pasado año. ¿Hay algo activo?
Bosch se aclaró la garganta, decidiendo dar primero y recibir después.
– Podría decir que yo tengo el caso desde hace trece años. Me tocó en 1993, cuando la chica desapareció.
