
Ni Bosch ni Rider respondieron. O'Shea insistió.
– Es obvio que conoce cosas sobre los dos casos-cebo citados en la carta. Freddy confirmó lo de Fitzpatrick. Lo mataron durante los disturbios después de que se conociera el veredicto de Rodney King, quemado vivo detrás de la persiana de su casa de empeños. Iba fuertemente armado en ese momento y no está claro cómo el asesino logró acercarse tanto para prenderle fuego. La lata de EasyLight se encontró tal y como dijo Waits, de pie delante de la persiana de seguridad.
»La mención del caso Gesto no pudimos confirmarla porque no teníamos el archivo, detective Bosch. Ya ha confirmado la parte del garaje. ¿Tenía razón en lo de la ropa y las zanahorias?
Bosch asintió a regañadientes.
– El coche era información pública -dijo-. Los medios estaban en todas partes. Pero la bolsa de zanahorias era nuestro as en la manga. No lo sabía nadie excepto yo, mi compañero de entonces y el técnico de pruebas que abrió la bolsa. No lo hicimos público porque al final creímos que era el sitio donde ella se había cruzado en su camino. Las zanahorias eran de un supermercado Mayfair de Franklin, al pie de Beachwood Canyon. Resultó que la víctima tenía la costumbre de parar allí antes de subir a los establos. El día que desapareció, Gesto siguió su rutina. Salió con las zanahorias y posiblemente con el asesino tras ella. Encontramos testigos que la situaban en la tienda. Nada más, después de eso. Hasta que encontramos el coche.
O'Shea asintió. Señaló la carta, que todavía estaba en el escritorio, delante de Bosch y Rider.
– Entonces esto pinta bien.
– No, no pinta bien -dijo Bosch-. No haga esto.
– ¿No haga qué?
– No haga el trato.
– ¿Por qué no?
– Porque si es quien raptó a Marie Gesto y la mató, y mató a esas otras ocho personas, quizás incluso las despedazó como a los dos cuerpos con los que lo pillaron, entonces no debería permitírsele vivir ni siquiera en una celda. Deberían atarlo, clavarle la aguja y enviarlo al agujero al que pertenece.
