Ruego contacte conmigo lo antes que sea posible si lo precedente es aceptable.

Sinceramente,

Maurice Swann, abogado público

101 Broadway

Suite 2

Los Angeles, CA 90013

Bosch se dio cuenta de que había leído casi toda la carta sin respirar. Tragó un poco de aire, pero éste no desplazó la tensión que se estaba acumulando en su pecho.

– No va a aceptar esto, ¿verdad? -preguntó.

O'Shea le sostuvo la mirada un momento antes de responder:

– De hecho, estoy negociando con Swann ahora mismo. Éste fue el compromiso inicial. He mejorado sustancialmente la parte del estado desde que llegó.

– ¿De qué forma?

– Tendrá que declararse culpable de todos los casos. Tendrá once condenas de asesinato.

«Y usted conseguirá más titulares para la elección», pensó Bosch, aunque no lo dijo.

– Pero ¿aun así se libra? -preguntó.

– No, detective, no se libra. Nunca más verá la luz del día. ¿Ha estado alguna vez en Pelican Bay, el lugar al que envían a los condenados por crímenes sexuales? De bonito sólo tiene el nombre.

– Pero no hay pena de muerte. Le concede eso.

Olivas hizo una mueca como si Bosch no viera la luz.

– Sí, eso es lo que le concedemos -dijo O'Shea-. Es lo único que le concedemos. No hay pena de muerte, pero desaparece para siempre.

Bosch negó con la cabeza, miró a Rider y luego otra vez a O'Shea. No dijo nada porque sabía que la decisión no era suya.

– Pero antes de acceder a ese trato -dijo O'Shea- hemos de asegurarnos de que es culpable de esos nueve crímenes. Waits no es un bobo. Esto podría ser un truco para evitar la inyección letal, o ser la verdad. Quiero que ustedes dos colaboren con Freddy en descubrir de qué se trata. Haré unas llamadas y tendrán carta blanca. Ese será su cometido.



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