
– ¿Cuánto es el alquiler? -preguntó Edgar.
– Mil al mes.
Edgar silbó. A Bosch también le pareció caro. Pero sabía que alguien estaría dispuesto a pagarlo por la vista.
– ¿Quién podía saber que el garaje de allí abajo estaba vacío? -preguntó, volviendo a lo que les ocupaba.
– Bastante gente. Los residentes, por supuesto, y en las últimas semanas he mostrado el apartamento a varias personas interesadas. Normalmente les enseño el garaje. Cuando me voy de vacaciones hay un inquilino que echa un vistazo a las cosas. El también enseñó el apartamento.
– ¿El garaje se quedó sin cerrar con llave?
– No se cierra. No hay nada que robar. Cuando llega el nuevo inquilino puede poner un candado si quiere. Lo dejo a su criterio, aunque siempre lo recomiendo.
– ¿Mantiene algún registro de a quién mostró el apartamento?
– La verdad es que no. Puede que conserve algunos números de teléfono, pero no tiene sentido guardar el nombre de nadie a no ser que lo alquile. Y como ven, no lo he hecho.
Bosch asintió con la cabeza. Iba a ser un camino difícil de seguir. Mucha gente sabía que el garaje estaba vacío, sin cerrar con llave y disponible.
– ¿Y el anterior inquilino? -preguntó-. ¿Qué pasó con él?
– De hecho, era una mujer -dijoKay-. Vivió aquí cinco años, tratando de hacerse actriz. Finalmente se rindió y volvió a su casa.
– Es una ciudad dura. ¿De dónde era?
– Le mandé la devolución del depósito a Austin, Texas.
Bosch asintió.
– ¿Vivía aquí sola?
– Tenía un novio que la visitaba y se quedaba a menudo, pero creo que esa historia terminó antes de que ella se fuera.
– Necesitaremos que nos dé esa dirección de Texas.
El encargado asintió con la cabeza.
– Los agentes dicen que el coche pertenecía a una chica desaparecida -dijo.
