
– Una mujer joven -explicó Bosch.
Buscó en un bolsillo interior de la chaqueta y sacó una fotografía de Marie Gesto. Se la mostró a Kay y le preguntó si la reconocía como alguien que podía haber visto el apartamento. El casero dijo que no la reconocía.
– ¿Ni siquiera de la tele? -preguntó Edgar-. Lleva diez días desaparecida y ha salido en las noticias.
– No tengo tele, detective -dijo Kay.
Sin televisor. En Los Angeles eso lo clasificaba como librepensador, pensó Bosch.
– También ha salido en los periódicos -probó Edgar.
– Leo los diarios de vez en cuando -dijo Kay-. Los cojo de las papeleras de abajo, y normalmente son viejos criando los hojeo. Pero no he visto ningún artículo sobre ella.
– Desapareció hace diez días -explicó Bosch-, el jueves día 9. ¿Recuerda algo de entonces? ¿Algo inusual?
Kay negó con la cabeza.
– Yo no estaba aquí. Estaba de vacaciones en Italia.
Bosch sonrió.
– Me encanta Italia. ¿Adónde fue?
El rostro de Kay se iluminó.
– Fui al lago de Como y luego a un pueblo de la colina llamado Asoló. Robert Browning vivió allí.
Bosch asintió con la cabeza como si conociera los sitios que había mencionado y quién era Robert Browning.
– Tenemos compañía -dijo Edgar.
Bosch siguió la mirada de su compañero hasta el callejón. Una furgoneta de televisión con una antena parabólica encima y un gran número 9 pintado en un lateral había aparcado junto a la cinta amarilla. Uno de los agentes de patrulla caminaba hacia ella.
Harry volvió a dirigirse al casero.
– Señor Kay, tendremos que volver a hablar en otro momento. Si es posible, mire qué números o nombres puede encontrar de gente que haya visitado el apartamento o que haya llamado interesándose. También necesitaremos hablar con la persona que controló las cosas cuando usted estuvo en Italia y que nos dé el nombre y la dirección de la antigua inquilina que se trasladó a Texas.
