
Stanislaw Lem
Edén
Título Original: Eden.
© 1959 by Stanislaw Lem.
© 1991 por Alianza Editorial, S. A., Madrid.
Traducción de Luis Pastor Puebla.
Capítulo Primero
Fue un error en los cálculos. No había sobrevolado la atmósfera, sino chocado contra ella. La nave espacial penetró como un taladro en la capa atmosférica con un formidable estruendo, que se expandió como un redoble de tambores. Sintieron, bajo sus asientos, el deslizamiento de los amortiguadores. Las pantallas anteriores llamearon y se extinguieron. El colchón de gases incandescentes, que presionaba contra el morro del cohete, cubría con un velo los visores exteriores. El dispositivo de frenado era insuficiente y había entrado en funcionamiento demasiado tarde. Un olor fétido a caucho quemado invadía por entero la cabina de mando. La presión del frenado los dejó ciegos y sordos. Era el fin. Pero ni siquiera en esto era capaz de pensar ninguno de ellos. No tenían fuerzas ni para respirar. Lo hicieron por ellos los inyectores de oxígeno, que siguieron funcionando hasta el último minuto. Les introducían aire a presión, como en los balones. De golpe cesó el estruendo.
Se encendieron las luces de averías. Seis por cada lado. En el tablero de mandos del propulsor brillaba la señal de alarma. El revestimiento había reventado y estaba tan arrugado como un acordeón. Pedazos de material aislante y fragmentos de plexiglás corrían veloces por el suelo. Ahora, en lugar del estrépito, lo llenaba todo un silbido sordo, cada vez más intenso.
— ¿Qué ha sucedido? — gimió el doctor, al tiempo que escupía un trozo de chicle.
— ¡Sigue echado! — le gritó el coordinador, que contemplaba la última pantalla que quedaba intacta.
El cohete dio una vuelta de campana, como si hubiera sido golpeado por un ariete. Las redes de nylon sobre las que descansaban vibraron como cuerdas de violín. Durante un instante todo se mantuvo en suspenso, como cuando un columpio alcanza el punto más alto de su balanceo…, y luego estalló un estruendo.
