— ¿Aunque sólo sea viajar? ¿O casarse con la hija de un comerciante de tejidos?

— O buscar un tesoro. El Alma del Mundo se alimenta con la felicidad de las personas. O con la infelicidad, la envidia, los celos. Cumplir su Leyenda Personal es la única obligación de los hombres. Todo es una sola cosa. Y cuando quieres algo, todo el Universo conspira para que realices tu deseo.

Durante algún tiempo permanecieron silenciosos, contemplando la plaza y la gente. Fue el viejo quien habló primero.

— ¿Por qué cuidas ovejas?

— Porque me gusta viajar.

El viejo señaló a un vendedor de palomitas de maíz que, con su carrito rojo, estaba en un rincón de la plaza.

— Aquel vendedor también deseó viajar cuando era niño; pero prefirió comprar un carrito para vender sus palomitas y así juntar dinero durante años. Cuando sea viejo, piensa pasar un mes en África. Jamás entendió que la gente siempre está en condiciones de realizar lo que sueña.

— Debería haber elegido ser pastor — pensó en voz alta el muchacho.

— Lo pensó — dijo el viejo —. Pero los vendedores de palomitas de maíz son más importantes que los pastores. Tienen una casa, mientras que los pastores duermen a la intemperie. Las personas prefieren casar a sus hijas con vendedores de palomitas antes que con pastores.

El muchacho sintió una punzada en el corazón al recordar a la hija del comerciante. En su ciudad debía de haber algún vendedor de palomitas.

— En fin, que lo que las personas piensan sobre vendedores de palomitas y pastores pasa a ser más importante para ellas que la Leyenda Personal.

El viejo hojeó el libro y se distrajo leyendo una página. El chico esperó un poco y lo interrumpió de la misma manera que él lo había interrumpido.

— ¿Por qué habla de todo esto conmigo?

— Porque tú intentas vivir tu Leyenda Personal. Y estás a punto de desistir de ella.



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