En la arena de la plaza principal de aquella pequeña ciudad, leyó el nombre de su padre y de su madre. Leyó la historia de su vida hasta aquel momento, los juegos de su infancia, las noches frías del seminario. Leyó el nombre de la hija del comerciante, que ignoraba. Leyó cosas que jamás había contado a nadie, como el día en que robó el arma de su padre para matar venados, o su primera y solitaria experiencia sexual.

«Soy el rey de Salem», había dicho el viejo.

— ¿Por qué un rey conversa con un pastor? — preguntó el muchacho, avergonzado y admiradísimo.

— Existen varias razones. Pero la más importante es que tú has sido capaz de cumplir tu Leyenda Personal.

El muchacho no sabía qué era eso de la Leyenda Personal.

— Es aquello que siempre deseaste hacer. Todas las personas, al comienzo de su juventud, saben cuál es su Leyenda Personal. En ese momento de la vida todo se ve claro, todo es posible, y ellas no tienen miedo de soñar y desear todo aquello que les gustaría hacer en sus vidas. No obstante, a medida que el tiempo va pasando, una misteriosa fuerza trata de convencerlas de que es imposible realizar la Leyenda Personal.

Lo que el viejo estaba diciendo no tenía mucho sentido para el muchacho. Pero él quería saber qué eran esas «fuerzas misteriosas»; la hija del comerciante se quedaría boquiabierta con esto.

— Son fuerzas que parecen malas, pero en verdad te están enseñando cómo realizar tu Leyenda Personal. Están preparando tu espíritu y tu voluntad, porque existe una gran verdad en este planeta; seas quien seas o hagas lo que hagas, cuando deseas con firmeza alguna cosa, es porque este deseo nació en el alma del Universo. Es tu misión en la Tierra.



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