
Pasaron la fiesta de Año Nuevo sin apartar la mirada de la CNN. Cuando Australia dio por terminado el siglo y el mundo siguió su curso, supo que toda la preparación había sido en vano; los países dieron la bienvenida al nuevo milenio y la corriente eléctrica se mantuvo.
Esa tarde fueron a una fiesta con Mike y Melissa. Cuando la bola cayó y los comensales borrachos empezaron a corear la cuenta atrás, Carrie lo estrechó contra ella.
– ¿Lo ves, chalado? No hay nada de qué preocuparse.
– Te quiero, chalada -le susurró.
– Y yo a ti.
Perdidos en un beso, casi no repararon en Mike cuando éste apagó las luces y gritó en broma:
– ¡Efecto 2000!
Con el paso de los meses el refugio fue acumulando polvo, y para el fin de año ya estaba totalmente olvidado. Después de que el 11 de septiembre instaurase el miedo ante un ataque biológico o nuclear, Jim volvió a abastecerlo, pero entonces tampoco hizo falta.
Hasta que empezó el cambio. Hasta que tuvo lugar el alzamiento.
Al final, los fantasmas del efecto 2000 y el 11 de septiembre condenaron al mundo. Cansado del eterno torrente de desastres semanales del tipo «profecías del fin del mundo» o «el fin de la civilización occidental tal y como la conocemos», el mundo ignoró los primeros informes de los medios.
