
Una vez que se hubo instalado, la primer oficial y chef, la encantadora esposa del capitán Fergus, Moira, le llevó una pequeña bandeja con fruta fresca y una ensalada de langosta, que Carrie devoró con apetito.
Mientras el sol se ponía, el aire pareció detenerse, invitando al sueño. Las ropas de Carrie se le pegaban a la piel, así que ella se desnudó, deseando deshacerse de los restos de un día demasiado ajetreado. Envuelta en una toalla, se dirigió al cuarto de baño. Sin embargo, no pudo reunir fuerzas para meterse en el pequeño cubículo que servía de ducha.
Con un suspiro, volvió al camarote, se quitó la toalla y se tumbó en la cama, demasiado agotada para buscar un camisón en su equipaje. Las sábanas de algodón le daban una sensación fresca a la piel. La medicina contra el mareo le estaba produciendo una deliciosa sensación de letargo.
Carrie nunca se había acostado sin pijama, pero solo tenía la intención de echarse durante un rato. Además, ¿qué daño podía hacer si estaba sola? Después de dormir un rato, se levantaría, buscaría un teléfono y le pediría a Susie que le buscara unas verdaderas vacaciones, en un hotel de verdad.
El suave movimiento del barco parecía acunarla y finalmente acabó por dormirse. Se despertó una vez y se preguntó dónde estaba, pero luego se dejó atraer por el mundo de fantasías, satisfecha, cómoda y…
La fantasía no era una novedad. Dev Riley había formado parte de sus sueños muchas veces. Sin embargo, siempre había sido una figura vaga. Aquel sueño fue diferente. Aquella vez, parecía estar vivo en su imaginación, incluso el sonido de su voz, el color de sus ojos, su olor… Todo parecía real.
Carrie suspiró suavemente y se abrazó a una mullida almohada, estirando su cuerpo desnudo bajo las sábanas. En aquel sueño, ella era guapa y sexy, exactamente el tipo de mujer que le gustaría a un hombre como Dev. Él era apasionado y parecía completamente hechizado por los encantos de ella.
