– Vete a dormir -dice en voz alta.

Pese a que nunca duerme bien desde que está sola en este edificio. En ocasiones oye voces: voces humanas, voces de dolor que la llaman. O las voces de las mujeres que trabajaban allí, o de las mujeres angustiadas que iban a descansar y rejuvenecerse. Chapoteando en la piscina, paseando por los jardines. Todas las voces rosas, relajadas y relajantes.

O las voces de los Jardineros, murmurando o cantando; o los niños riendo juntos, en el Jardín del Edén en el Tejado. Adán Uno y Nuala, y Burt. La vieja Pilar, rodeada de sus abejas. Y Zeb.

Si alguno de ellos sigue vivo tiene que ser Zeb: cualquier día llegará caminando por la calle o aparecerá de entre los árboles.

Aunque ha de estar muerto ahora. Es mejor pensar eso. No hay que derrochar esperanza.

Sin embargo, tiene que quedar alguien más; no puede ser la única del planeta. Ha de haber otros. Ahora bien, ¿amigos o enemigos? Si ve a alguien, ¿cómo va a saberlo?

Está preparada. Las puertas están cerradas; las ventanas, atrancadas con tablones.

No obstante, ni siquiera esas barreras suponen ninguna garantía: cualquier espacio vacío invita a la invasión.

Incluso cuando duerme está escuchando, como hacen los animales, en espera de un cambio de pauta, de un sonido desconocido, de un silencio que se resquebraja como una grieta en la roca.

Cuando los animalitos cantan más bajo, decía Adán Uno, es que están asustados. Hay que escuchar el sonido de su miedo.

2

Ren

Año 25, el Año del Diluvio


«Tened cuidado con las palabras. Tened cuidado cuando escribáis. No dejéis ningún rastro.» Eso es lo que nos enseñaron los Jardineros, cuando yo era una niña más entre ellos. Nos pedían que nos encomendáramos a nuestra memoria, porque no se puede confiar en nada que esté escrito. El Espíritu viaja de boca en boca, no de cosa en cosa: los libros se pueden quemar, los papeles se pueden arrugar, los ordenadores se pueden destruir. Sólo el Espíritu vive eternamente, y el Espíritu no es una cosa.



4 из 372