¿No crees que es mejor eso que hacerle soportar un prolongado período de esperanza seguido, con toda probabilidad, de un terrible disgusto?]. La voz cambió de tono, quizá porque percibía que aún necesitaba plantear su argumento de modo convincente: [Clavain es un hombre emocional, Skade, más que el resto de nosotros. Ya era viejo cuando se unió a nosotros, más viejo en términos neurológicos que cualquier otro recluta que hayamos conseguido. Su mente sigue envuelta en viejos esquemas de pensamiento. No debemos olvidarlo. Es frágil y necesita nuestros cuidados, como una delicada flor de invernadero].

Pero mentirle sobre Galiana…

[Puede que no haya que llegar a tanto, nos estamos adelantando a los acontecimientos. Primero tenemos que examinar la nave. Es posible que, después de todo, Galiana no esté a bordo].

Skade asintió.

Eso sería lo mejor, ¿no es cierto? Entonces sabríamos que sigue ahí fuera, en alguna parte.

[Sí. Pero entonces tendríamos que aclarar el pequeño misterio de lo ocurrido con la tercera nave].

En los noventa y cinco años transcurridos desde la aparición de la plaga de fusión, los combinados habían aprendido mucho acerca del control del contagio. Al ser una de las últimas facciones humanas que conservaban una parte importante de la tecnología de la época anterior a la plaga, se tomaban la cuarentena con mucha seriedad. En tiempos de paz, la opción más fácil y segura hubiese sido examinar la nave in situ, mientras vagaba por el espacio en los límites del sistema. Pero el riesgo de que los demarquistas notaran la actividad era excesivo, así que se hacía necesario conducir las investigaciones bajo la tapadera del camuflaje. El Nido Madre ya estaba equipado para recibir naves contaminadas, así que constituía el destino perfecto.

Pero, aun así, tenían que adoptar precauciones, y eso conllevaba cierto número de operaciones en espacio abierto.



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