La obra, sin título todavía, será subastada cuando esté concluida.

I. Los Ángeles

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El cálculo de Dusenberry se quedaba corto y la metáfora de la piedra del alcaide Warden Wardlow acertaba sólo en parte. Los objetos inanimados pueden sangrar pero, para que se lleve a cabo una transfusión, la efusión debe ser autorizada por la volición más profunda y lógica del objeto. Incluso Milt Alpert, ese decente marchante de literatura básicamente honrado, ha tenido que argumentar el anuncio de nuestra colaboración con eslóganes cargados de justificaciones y con palabras que nunca he pronunciado. No acepta el hecho de que ganará el diez por ciento de un discurso de despedida sangriento. Le resulta incomprensible que no sienta remordimiento ni desee la absolución.

Una persona en mi situación con más visión de futuro aprovecharía esta oportunidad narrativa y la utilizaría para la manipulación de los profesionales de la salud mental y del estamento judicial liberal, gente proclive a una visión barata de redención. Como no albergo la menor esperanza de salir de esta cárcel, no haré tal cosa pues, simplemente, sería una falta de honradez. Tampoco voy a presentar un alegato psicológico, yuxtaponiendo a mis acciones el supuesto carácter absurdo de la vida norteamericana del siglo XX. Me he sometido voluntariamente a la baqueta del silencio y, al crear mi propia realidad envasada al vacío, he sido capaz de existir fuera de las influencias ambientales ordinarias hasta un punto excepcional: el afán prosaico de crecer y ser norteamericano no arraigó en mí y muy pronto lo transformé en algo más. Así, me reafirmo en mis acciones. Sólo son innatas para mí.



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