
A principios de 1953, las sirenas de alarma de ataques aéreos distribuidas por todo el barrio se dispararon de forma accidental y mi padre, convencido de que se avecinaba un ataque ruso con bombas atómicas, nos llevó a mí y a mi madre a la azotea para esperar la llegada de la Gran Explosión. No se olvidó su petaca de bourbon porque quería brindar por el hongo atómico que, según él, se alzaría sobre el centro de L. A. y, cuando la Gran Explosión no se produjo, terminó borracho y decepcionado. Mi madre hizo una de sus contadas intervenciones orales, en esta ocasión para aplacar la depresión de su marido porque el mundo no iba a reventar. Él levantó la mano para pegarle, pero titubeó y terminó de apurar la petaca. Mi madre se marchó abajo y se sentó en su silla de mirar el tráfico, y yo empecé a hojear libros de ciencia en la biblioteca. Quería ver qué aspecto tenían los hongos atómicos.
Esa noche marcó el principio del fin del matrimonio de mis padres. La alarma de ataque aéreo propició un auge de los refugios antiatómicos en el barrio y mi padre, disgustado con tanta obra en los patios traseros, se aficionó a pasar los fines de semana en la azotea, donde bebía y observaba el espectáculo. Lo vi cada vez más enfadado y quise aliviar su dolor, para que no fuese tanto un observador reprimido. No sé cómo, se me ocurrió darle el tirachinas de acero inoxidable Wham-O que había encontrado en el banco de la parada de autobús de Oakwood y Western.
A mi padre le encantó el regalo y se aficionó a lanzar rodamientos de cojinete a la parte que sobresalía de los refugios. Pronto adquirió una puntería excelente y, buscando desafíos más estimulantes, empezó a asesinar a los cuervos que se posaban en los cables de teléfono que discurrían por el callejón de la parte de atrás de la casa. Una vez incluso le dio a una rata escurridiza desde catorce metros y diez centímetros de distancia. Recuerdo la distancia porque mi padre, orgulloso de la hazaña, la midió en metros y, después, calibró lo que quedaba con una regla metálica de delineante.
