
Yo estaba en el suelo con él encima de mí, pero Abe era demasiado alto para besarme profundamente y al mismo tiempo presionar algo más contra mi cuerpo desnudo. Bajo nosotros había una piel cubriendo el suelo de piedra. Ésta me hacía cosquillas por toda mi piel, haciendo que cada uno de sus movimientos fuera algo más, como si la piel le estuviera ayudando a acariciarme.
Nuestra piel comenzó a brillar como si nos hubiéramos tragado una luna llena, y su luz brillara desde nuestro interior. Las hebras blancas en su pelo reflejaban un luminoso y pálido azul. Sus ojos grises como el carbón se volvieron extrañamente oscuros. Yo sabía que mis ojos brillaban, cada círculo de diferente color, verde hierba, verde jade, y oro fundido. Sabía que cada círculo de mi iris brillaba. Mi pelo proyectaba una luz rojiza alrededor de mi campo de visión; mientras brillaba, mi cabello resplandecía con la misma luz que los granates cuando giran bajo la luz y reflejan su fuego interior.
Sus ojos se parecían a alguna cueva profunda y oscura donde la luz no podía entrar.
Repentinamente, comprendí que durante mucho tiempo no habíamos estado besándonos. Simplemente nos habíamos quedado mirándonos fijamente a la cara. Me incliné hacia él, rodeándolo con mis manos. Había olvidado que todavía sostenía la copa en una mano, y ésta rozó su espalda desnuda. Él se inclinó, y el líquido se vertió sobre su piel; aunque había vaciado antes la copa, ahora estaba llena otra vez. El líquido espeso y fresco se derramó sobre nuestros cuerpos empapándonos de aquel torrente dorado.
Pálidas líneas azules bailaban a través de su piel. Yo no podía decir si estaban bajo su piel, dentro de su cuerpo, o en la superficie de su torso encendido. Me besó. Me besó profundamente y durante mucho tiempo, y esta vez él no sabía como el hidromiel. Sabía a carne, a labios, boca y lengua, y al roce de dientes a lo largo de mi labio inferior. Y mientras, el hidromiel corría por nuestros cuerpos, derramándose en una piscina dorada. La piel colocada bajo nosotros se aplastó debido a la marea que le caía encima.
