– Shh -susurra él-. Para.

Lo hacemos. Nos paramos.

P me arrastra detrás de un árbol. Me coge la cara con ambas manos. Tiene unas manos grandes y me encanta su contacto. Me levanta la cabeza y entonces me besa. Lo siento por todas partes, un aleteo que empieza en el centro de mi corazón y después se difumina. Aparta la mano de mi cara. La pone sobre mi caja torácica, justo al lado de mi pecho. Estoy expectante. Gimo.

Seguimos besándonos. Fue tan apasionado. No podíamos estar más cerca el uno del otro. Sentía que me ardía todo el cuerpo. Me metió la mano por debajo de la blusa. No diré más sobre esto. Me olvidé del crujido en el bosque. Pero ahora lo sé. Deberíamos haber avisado a alguien. Entonces deberíamos haber dejado de adentrarnos en el bosque. Pero no lo hicimos. En lugar de eso, hicimos el amor.

Estaba tan perdida en nuestro mundo, en lo que estábamos haciendo, que al principio ni siquiera oí los gritos. Creo que P tampoco los oyó.

Pero los gritos siguieron y ¿sabéis cómo describe la gente las experiencias cercanas a la muerte? Pues fue algo así, pero al revés. Era como si los dos nos dirigiéramos hacia una luz maravillosa y los gritos fueran una cuerda que tirara de nosotros de vuelta, a pesar de que no deseábamos volver.

Dejó de besarme. Y eso es lo terrible.

Ya no volvió a besarme.

Lucy volvió la página, pero no había más. Levantó la cabeza de golpe.

– ¿Y el resto?

– No hay más. Les dijiste que lo mandaran por partes, ¿te acuerdas? No hay más.

Lucy volvió a mirar las páginas.

– ¿Estás bien, Luce?

– Entiendes de ordenadores, ¿no es así, Lonnie?

Él volvió a arquear la ceja.

– Se me dan mejor las mujeres.

– ¿Te parece que estoy de humor?

– Vale, vale; sí, entiendo de ordenadores. ¿Por qué?

– Necesito saber quién ha escrito esto.

– Pero…

– Necesito -repitió- saber quién ha escrito esto.



24 из 324