Él la miró fijamente un segundo. Lucy sabía lo que quería decirle. Aquello iba en contra de todo lo que predicaban. Habían leído historias horribles en esa habitación, ese mismo año incluso una de un incesto padre-hija, y nunca habían intentado identificar a la persona que lo había escrito.

– ¿Quieres explicarme de qué va esto?

– No.

– Pero sí quieres que me cargue toda la confianza que hemos conseguido ganarnos.

– Sí.

– ¿Tan grave es?

Ella se limitó a mirarle.

– Bueno, qué demonios -dijo Lonnie-. Haré lo que pueda.

Capítulo 3

– Se lo aseguro -repetí-. Es Gil Pérez.

– El chico que murió con su hermana hace veinte años.

– Evidentemente, no murió -dije.

Estaba claro que no me creían.

– Puede que sea su hermano -dijo York.

– ¿Con el anillo de mi hermana?

– Ese anillo es muy común -dijo Dillon-. Hace veinte años estaban de moda. Creo que mi hermana tenía uno. Se lo regalaron al cumplir los diecisiete, creo. ¿Estaba grabado el de su hermana?

– No.

– Pues no podemos estar seguros.

Hablamos un rato, pero no había mucho más que añadir. La verdad es que yo no sabía nada. Dijeron que se mantendrían en contacto. Localizarían a la familia de Gil Pérez para que hicieran una identificación positiva. Yo no sabía qué hacer. Me sentía perdido, atontado y confundido.

Mi BlackBerry y mi móvil estaban enloquecidos. Ya llegaba tarde a una cita con el equipo de la defensa en el caso más importante de mi carrera. Dos ricos jugadores de tenis universitarios de la lujosa población de Short Hills acusados de violar a una afroamericana de dieciséis años de Irvington llamada -no, su nombre no ayudaba nada- Chamique Johnson. El juicio ya había empezado, se había aplazado y ahora esperaba poder cerrar un trato de condena en prisión antes de que volviera a empezar.



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