
Dejó el papel y nos miró como si esperara un aplauso.
– Encontraron semen de Barry Marantz en ella -dije.
– Ah, sí, pero Barry era un chico guapo, todo hay que decirlo, y los dos sabemos que eso influye: él mismo admite un acto sexual consensuado con tu joven y ansiosa señora Johnson aquella tarde. Todos sabemos que Chamique estuvo en su fraternidad, eso no se discute, ¿no?
No me gustó, pero dije:
– No, eso no se discute.
– De hecho, los dos sabemos que Chamique Johnson había trabajado allí como stripper la semana anterior.
– Bailarina exótica -corregí.
Él se limitó a mirarme.
– Y por eso volvió. Sin que hubiera intercambio de dinero. En eso también estamos de acuerdo, ¿no? -No se molestó en esperar que contestara-. Y puedo presentar cinco o seis chicos que dirán que se comportó afectuosamente con Barry. Vamos, Cope. Tú ya has pasado por esto. Es una stripper. Es menor. Se coló en una fiesta de una fraternidad. Se ligó al chico rico y guapo. Él se la quitó de encima, no la llamó o lo que fuera. Y ella se enfadó.
– Y se llevó un montón de moratones -dije.
Mort golpeó la mesa con un puño que parecía capaz de aplastar un animal.
– Sólo busca ganar dinero -repuso Mort.
– Ahora no, Mort -dijo Flair.
– ¡Cómo que no! Todos sabemos de qué va esto. Les está acosando porque están forrados. -Mort me dedicó su mejor mirada pétrea-. Sabes que la puta tiene antecedentes, ¿no? Chamique -alargó su nombre de una forma burlona que me sacó de quicio- también tiene su abogado para exprimir a nuestros chicos. Para esa zorra esto sólo es como un día de cobro. Nada más. Un puto día de cobro.
