Le miré un rato más.

– Pero nos conformaremos con que se retiren los cargos inmediatamente.

– Sigue soñando.

– Cope, Cope, Cope.

Flair meneó la cabeza y emitió ruiditos tranquilizadores con la boca.

– He dicho que no.

– Eres encantador cuando te pones machito, pero eso ya lo sabes, ¿no? -Flair miró a Loren Muse. Una expresión afligida cruzó su cara-. Cielos, ¿qué llevas puesto?

Muse se incorporó un poco.

– ¿Qué?

– Tu ropa. Es como un programa de telerrealidad de la Fox. Cuando las policías se visten ellas mismas. Por Dios. Y esos zapatos…

– Son prácticos -dijo Muse.

– Cariño, regla de moda número uno: Las palabras «zapatos» y «prácticos» nunca deben encontrarse en la misma frase. -Sin parpadear, Flair se volvió hacia mí-: Nuestros clientes se declaran culpables de una falta y salen libres con la condicional.

– No.

– ¿Puedo decirte dos palabras?

– Esas palabras no serán «zapatos» y «prácticos», ¿verdad?

– No, algo bastante más grave para ti, me temo: Cal y Jim.

Calló. Yo miré a Muse. Ella se agitó en la silla.

– Esos dos nombrecitos -siguió Flair con un tonillo cadencioso en la voz-, Cal y Jim. Música para mis oídos. ¿Sabes a qué me refiero, Cope?

No mordí el anzuelo.

– En la declaración de la supuesta víctima… has leído su declaración, supongo… en su declaración ella afirma claramente que sus violadores se llamaban Cal y Jim.

– Eso no significa nada -dije.

– Verás, cielo, intenta prestar atención porque me parece que esto podría ser importante para tu caso: nuestros clientes se llaman Barry Marantz y Edward Jenrette. Ni Cal ni Jim. Barry y Edward. Repetid conmigo. Venga, adelante. Barry y Edward. A ver, ¿esos nombres se parecen en algo a Cal y Jim?

Mort Pubin respondió a la pregunta. Sonrió y dijo:

– No, no se parecen, Flair.

Seguí callado.

– Y ya ves, ésa es la declaración de tu víctima -siguió Flair-. Es maravilloso, ¿no crees? Espera que te lo busque. Me encanta leerlo. Mort, ¿lo tienes? Espera, aquí está. -Flair llevaba puestas gafas de lectura con cristales de media luna. Se aclaró la garganta y cambió de voz-. Los dos chicos que lo hicieron se llamaban Cal y Jim.



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