– Y a ti se debe -gruñó Sextio, a quien Bruto tampoco le inspiraba la menor simpatía- que Cilicia carezca de legiones adiestradas, así que tu principal misión será reclutar y adiestrar soldados, ¿me has oído? -Se volvió hacia Calvino y preguntó-: ¿Y qué hay de César?

– Una dificultad. Pidió la Trigésima séptima y la Trigésima octava, pero no me atrevo, Sextio. Ni estoy seguro de que él quisiera que despojara a Anatolia de todas sus tropas más avezadas. Así que le mandaré la Trigésima séptima después de la licencia y nos llevaremos la Trigésima octava al norte. Podemos reunirnos con ésta en lo alto de las Puertas Cilicias y luego marchar hacia Eusebia Mazaca y en busca del rey Ariobarzanes, que tendrá que reclutar tropas por empobrecida que esté Capadocia. Enviaré un mensajero al rey Dejotaro de Galacia y le pediremos que reúna a cuantos hombrtes le sea posible y luego se encuentre con nosotros en el río Halys por debajo de Eusebia Mazaca. También mandaré mensajeros a Pérgamo y Nicomedia. ¡Quinto Filipo, ve a por unos escribas, rápido!

Pese a haber tomado esta decisión, Calvino estaba preocupado por César. Si éste le había advertido de manera tan indirecta acerca de inminentes conflictos en Anatolia, ese mismo instinto lo había inducido a desear que le enviaran dos legiones completas a Alejandría. No recibirlas podía entorpecer sus planes de seguir hacia la provincia de África lo antes posible. Así que Calvino escribió una carta para mandar a Pérgamo dirigida a un hijo de Mitrídates el Grande que no era Farnaces.

Se trataba de otro Mitrídates, que se había aliado con los romanos durante la campaña de limpieza de Pompeyo en Anatolia después de los treinta años de guerra entre Roma y su padre.



10 из 1053