
– No, si por eso entiendes una especie de hormigueo preternatural en mi mente. Prefiero pensar en mis… esto… presentimientos como algo basado en insignificantes sucesos que mis procesos mentales no han advertido conscientemente, pero están ahí de todos modos. Lo único que digo es que deberías mantener los ojos abiertos por si ves cerdos volar y el oído aguzado por si oyes cerdos cantar. Si ves lo uno u oyes lo otro, algo va mal, y entonces tendrás autoridad para abordarlo en mi ausencia.
Y al día siguiente, que era el penúltimo día de septiembre, Cayo Julio César zarpó de las orillas del río Cydnus hacia el Mare Nostrum impulsado por Coro, que soplaba hacia el sudeste. Sus tres mil doscientos veteranos y ochocientos jinetes germanos viajaban apiñados en treinta y cinco naves de transporte, ya que había dejado atrás sus barcos de guerra para que los calafatearan.
Dos nundinae más tarde, justo cuando Calvino, el cónsul errante con imperium ilimitado estaba a punto de partir hacia Antioquía para ver en qué estado había quedado Siria tras soportar a Metelo Escipión como gobernador, llegó a Tarso un mensajero a lomos de un caballo agotado.
– El rey Farnaces ha venido de Cimeria con cien mil soldados e invade Ponto por Amiso -dijo el hombre en cuanto pudo hablar-. Amiso está en llamas, y Farnaces ha anunciado que se propone recuperar todos los territorios de su padre, desde Armenia Parva hasta el Helesponto.
Calvino, Sextio, Bruto y Quinto Filipo se quedaron atónitos.
– Mitrídates el Grande una vez más -declaró Sextio con voz hueca.
– Lo dudo -dijo Calvino con tono enérgico, recobrándose de la conmoción-. Sextio, tú y yo emprenderemos viaje. Nos llevaremos a Quinto Filipo y dejaremos a Marco Bruto en Tarso para que se ocupe de las labores de gobierno. -Se volvió hacia Bruto con tan amenazadora expresión en el semblante que Bruto retrocedió-. En cuanto a ti, Marco Bruto, presta atención a mis palabras: no debe haber recaudación de deudas en nuestra ausencia, ¿entendido? Tienes poderes propretorianos para gobernar, pero si utilizas a un solo lictor para exigir pagos a los romanos o a la gente de la provincia, te aseguro que te colgaremos de las pelotas si es que tienes.
