Con su mala leche y su verborrea cotidiana, entre dosis trepidantes de acción, misterio y crímenes terribles, las reflexiones de la protagonista dejan entrever sucesos de su pasado que podrían explicar cómo se convirtió en lo que es y muestran sentimientos y emociones en perpetua contradicción con la indiferencia que pretende aparentar ante quienes la rodean. No, los misterios que la rodean no se resuelven, pero sí se levantan algunos velos que conducen a revelaciones sorprendentes.

En esta segunda aventura de la Ejecutora, que comienza apenas un mes después de concluir la primera, el personaje de Anita se va afianzando y definiendo. Esta vez, los vampiros pierden el protagonismo para convertirse en un elemento circunstancial, a excepción del inevitable Jean-Claude, cuya sola presencia es capaz de alterar y desconcertar a Anita, sabedora de que la morbosa atracción que siente por él y las promesas de un poder que ya ha podido paladear son para ella un peligro mucho mayor que cualquiera de sus temibles enemigos. Ahora el vudú, los zombis y los poderes de Anita como reanimadora son los elementos de este peculiar universo alternativo en los que se centra la trama, conducida de nuevo a través de una investigación policial. Si en Placeres Prohibidos Anita se ve obligada a colaborar en la investigación a regañadientes, en El Cadáver Alegre, la naturaleza de los crímenes a los que se ve enfrentada y las circunstancias que los rodean son tan impactantes para ella que atrapar al culpable se convierte en una obsesión.

Es evidente que el combinado es explosivo, y que el misterio, el terror, la acción, la sangre a borbotones y las sorpresas están servidos. Aquellos a quienes les gustó



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