
Por último, una advertencia: cuidado, que engancha. Más allá de la fantasía, la ambientación y el misterio, engancha Anita. Una chica que no se parece a nadie pero a la que cualquiera podría parecerse; que no provoca exactamente simpatía, sino una suerte de empatía intermitente y una creciente curiosidad por sus secretos. Al terminar el libro se quiere saber más sobre ella, independientemente de las aventuras que le toque vivir en el próximo. Lo más probable es que hubiera encajado igual de bien en cualquier otro género; es fácil imaginársela en una novela negra ambientada en los cincuenta. Afortunadamente, la autora y el destino han querido crearla rodeada de criaturas terribles y sucesos extraordinarios. Mejor así.
Carmen Pila
Para Ricia Mainhardt, mi agente: bella, inteligente, certera y honrada. ¿Qué más podría pedir un escritor?
Como siempre, a Gary, mi marido, quien, al cabo de casi nueve años, sigue siendo mi amorcito. A Ginger Buchanan, nuestra supervisora editorial, que creyó en Anita y en mí desde el principio.
